21 Julio 2026
2 . 054 . 114 lectores

OPINIÓN: Trabajo, fe y un poquito de fortuna

OPINIÓN: Trabajo, fe y un poquito de fortuna

 

Segunda estrella en dieciséis años. Tres Eurocopas en dieciocho. España está alcanzando las cotas más altas de su historia durante el primer cuarto del siglo XXI, consiguiendo un hito que apenas un tiempo atrás parecía utópico.

 

Durante muchos años, gran parte de los españoles aficionados al fútbol han vivido sin ver a su selección entre las mejores del mundo. Era hablar de Brasil, Alemania, Italia, Argentina o Francia y nos temblaban las piernas, casi dando por perdido cada partido de altura antes de jugarlo.

 

A lo largo del siglo XX, las vitrinas de España solo se abrieron en dos ocasiones: con la Eurocopa de 1964 y el oro olímpico de Barcelona 1992. Que si la maldición de cuartos, que si las decisiones arbitrales, que si no hay jugadores para ganar más…

 

Y entonces apareció el Sabio de Hortaleza. Un hombre que hizo creer a todo un país que en cada uno de nosotros había un campeón, pero que había que cristalizarlo. Para ello, recurrió a ‘los bajitos’ y sembró una idea de juego; los Xavi, Iniesta, Silva, Cazorla, y compañía que demostraron que las mejores esencias vienen siempre en frascos pequeños.

 

En la vida hay que creer. También hay que trabajar, por supuesto, pero si uno es fiel a su idea, a sus principios y a su visión de la vida durante su trayectoria, tarde o temprano contará con esa pizca de suerte necesaria para lograr sus metas.

 

Desde aquella visión de Luis Aragonés y en mayor o menor medida, España siempre ha sido así: fiel a nuestro estilo hasta en los peores días y muy trabajadora. Lo demás no lo podemos controlar, pero sabíamos que cumpliendo con esos dos principios y la aparición puntual del tercero, el éxito llega tarde o temprano.

 

Y así ha sido. España es vigente campeona de Europa, es oro olímpico y ahora campeona del mundo masculina y femenina. Sin precedentes. Siendo fieles al trabajo, teniendo mucha fe y un poquito de fortuna, le hemos dado la vuelta a nuestra historia futbolística.

 

Brasil, Alemania, Italia, Argentina o Francia ya no nos dan miedo. Ahora somos como ellas, como imaginaban nuestros abuelos y soñaban nuestros padres. Siempre hemos sido soñadores, creyentes y muy trabajadores, y ahora recogemos, con un poco de fortuna, los frutos de tantos y tantos años de llantos y tristeza.